Hay un ritual que casi cualquier dominicano reconoce: el instante en que se va la luz y, en automático, alguien pregunta «¿por zona o es de todos?» antes de ir a buscar la planta o el inversor. Que ese ritual siga siendo parte de la vida cotidiana después de tantos planes de recuperación del sector eléctrico dice algo sobre el problema que casi nunca se dice en voz alta: no es un asunto técnico que espera la solución correcta, sino un desequilibrio financiero estructural que se ha vuelto crónico.
El origen no es el apagón, es la cadena que lo produce
El sistema eléctrico dominicano funciona como una cadena: generación, transmisión, distribución y cobro. Basta que un eslabón falle para que el consumidor final sienta el corte, aunque el problema haya nacido lejos de su barrio. Las pérdidas de energía —técnicas y no técnicas, es decir, tanto fugas de la red como conexiones fraudulentas y facturación que no se cobra— son, desde hace años, uno de los principales huecos financieros del sistema. Cuando una distribuidora no recupera lo que distribuye, ese déficit se traslada, tarde o temprano, a subsidios estatales o a menos mantenimiento de la red.
Subsidiar el síntoma, no la causa
Durante años, la respuesta más visible ha sido el subsidio: mantener tarifas congeladas o parcialmente cubiertas por el Estado para amortiguar el golpe al bolsillo. Es una medida comprensible en lo inmediato, pero también una que pospone la pregunta de fondo: mientras las pérdidas de energía sigan siendo tan altas, cualquier alivio tarifario es, en el fondo, una transferencia de recursos públicos hacia un sistema que sigue perdiendo más de lo que factura.
Lo que rara vez se mide en público
Se habla mucho de megavatios instalados y poco del indicador que más le importa al usuario: cuántas horas al mes su circuito específico estuvo sin servicio, y por qué. Esa información, cuando existe, rara vez se comunica de forma sistemática y comparable entre distribuidoras o entre barrios. Sin ese dato público y verificable, es difícil distinguir un problema puntual de un patrón que se repite zona tras zona.
Lo que estaría en juego si se resuelve bien
Un sistema eléctrico estable no es solo comodidad doméstica: es el requisito silencioso detrás de cualquier ambición de atraer industria, digitalizar servicios o simplemente que un pequeño negocio no tenga que presupuestar una planta eléctrica como parte de su costo fijo. La discusión sobre los apagones, entonces, no debería tratarse como una queja recurrente de temporada, sino como lo que realmente es: una condición previa para casi cualquier otro plan de desarrollo que el país se proponga.

